“Sentimos que si no paramos el llanto, estamos avivando el dolor, cuando en realidad el llanto tiene una función liberadora y adaptativa. Por una parte, mediante el llanto descargamos nuestra mente y nuestro corazón. Llorarlo todo vuelve a dejar espacio para nuevas experiencias. El llanto trae paz. Por eso la tristeza es liberadora.” Cristina Sahuquillo, La Brújula, Cuaderno de la tristeza.
La angustia le oprimía el pecho. Sentía un nudo en la garganta. Temía que la pena la arrastrara. Que la tristeza la dejara marchita. Seguía sin resolver ciertas cuestiones. Las ojeras perennes. Las noches sin dormir. Las puntas del cabello quemadas por el olvido. Omg, namo, guru dev, namo. Trata de aliviar el alma con un grito desesperado. Visita los espacios en donde aflora el dolor y la angustia pasea a sus anchas. Todas ellas están tan lejos. Su origen en una caja de madera.
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