"No hay que darse prisa, el proceso es lento. Las hojas se van arrancando en redondo, una por una, saboreándolas porque cada una es distinta a la anterior y la prisa puede hacer que se pierda ese arcoiris de sabores, un verde de océano apagado, de alga marina a la que el sol le va borrando la vida", Elena Poniatowska (El corazón de la alcachofa)
Sentadas en el suelo, cubierto de mantas de colores, deshojamos las hojas de la alcachofa. Despacio, chupamos cada hojita con placer. Las hojas de fuera son más ásperas y amargas y a medida que vamos quitándole capas a tan bello manjar, van dando paso las hojas más tiernas y carnosas. Algunas de nosotras, las más apresuradas, llegan antes al corazón y, ahí sí, se deleitan con textura tan delicada.
Mientras, contamos historias. Buceamos en nuestra memoria para rescatar, quién sabe si al azar, aquellas historias de nuestro pasado que ahora elegimos narrar. Una va deshojando la alcachofa y comienza a acordarse de su abuelo que, curiosamente, desde hace días está perdiendo la memoria, no recuerda qué comió hoy ni el orden de los números en el reloj. Estos procesos son rápidos, nos advierte la doctora. Pronto quizás no recuerde mi nombre, me digo, o quién es su hijo. Igual quiero creer que en algún rincón de su ser se almacenan los olores de su infancia, sus amores adolescentes, el sabor del gazpacho y la voz de su madre.
En un plato se ven, unas sobre otras, las hojas exprimidas, las hebras deshilachadas y los verdes destilados. Cuantas más capas voy quitándole a la alcachofa, más profundamente me sumerjo en mis recuerdos. Ya se ve la punta del corazón, ese espacio, a menudo infranqueable, que ahora va dejando al descubierto las vulnerabilidades que nos delatan.
Este acto performativo, cargado de simbolismo, se basa en la necesidad de desempolvar historias que estaban dormidas. Muchos de esta episodios sucedieron en nuestros países de origen y deciden aparecer ahora en este espacio compartido, completando de alguna forma nuestro presente. Algunas recomponen su genealogía, evocando a la tía abuela que no vieron desde hace veinte años. Otras describen el color del cielo de su niñez como si hubiera sido ayer. Yo sigo pensando en mi abuelo.
Todas creamos memoria. Preguntemos a nuestros recuerdos.