En el marco de la segunda edición del festival de performances "Prácticas inVISIBLES", mi amiga y colega, la artista de performance y organizadora del festival, Karina Villavicencio, me invita a participar virtualmente en una mesa redonda, que tendrá lugar en la universidad de Córdoba (Argentina), sobre micro-hegemonías. Ella las define como la puesta en escena, a pequeña escala, de mecanismos de dominación y conservación de poder que realizamos en lo cotidiano. ¿Qué mecanismos de dominación y opresión actúan en las dinámicas de poder del día a día? ¿Cómo se sostienen las relaciones de poder en las que participamos en nuestro cotidiano? ¿Cuándo somos las oprimidas y cuando las opresoras?
Para aproximarme a estas cuestiones me parece primordial definir qué es poder. Según Foucault, el poder es una relación asimétrica constituida por dos entes: la autoridad y la obediencia, y se da en una situación estratégica en una sociedad concreta. El poder no se posee, se ejerce a través de ciertos dispositivos que le permiten funcionar plenamente.
Es por lo tanto, en relaciones asimétricas en donde la persona que posee la autoridad, ejerce un poder o dominación sobre la persona sometida, dominada. Para que exista dicha dominación no se necesita siempre la coerción, amenaza o violencia, existen mecanismos de persuasión e influencia, que ejercen un efectivo poder sobre el/la otro/a.
Las relaciones de poder se basan en un sistema de creencias hegemónico que dicta lo que es normal y lo que es desviado, lo que es correcto y lo que es incorrecto, lo que está aceptado y lo que no. Ese sistema de creencias hegemónico se da en un contexto y momento histórico concreto y provoca la legitimación de las micro-hegemonías, que, a una menor escala, se enmarcan en el ámbito más cotidiano, normalmente en esferas que pertenecen a lo privado.
Independientemente de la escala o dimensión, quien ejerce el poder tiene la capacidad de provocar un cambio en el pensamiento o acción de la persona que acepta dicho poder. Según Paulo Freire, el pedagogo brasileño fundador de la Pedagogía del Oprimido, para que las relaciones de dominación funcionen debe instalarse en la mente del dominado/a la idea de "naturalización" del poder. Las personas que acatan la norma no deben cuestionar el poder, para que este siga funcionando.
Desde el proyecto colonial, el poder hegemónico ha sido y es patriarcal, de supremacía blanca, heteronormativo y eurocentrado. Esas estructuras concretas de poder se trasladan a nuestros espacios cotidianos de interacción e impactan en todas las areas de nuestra vida. ¿Qué relaciones de poder reconozco en mi cotidianidad? ¿Qué recursos debo tener para ejercer poder? ¿Cuán consciente soy de las relaciones micro-hegemónicas en las que participo? A menudo somos parte de un engranaje de poder del que no siempre somos conscientes. ¿Debemos identificarnos necesariamente como oprimidas o como opresoras? Si queremos superar el discurso hegemónico, es vital que hablemos de relaciones de pares, de iguales en entornos lo más horizontales posibles. Las relaciones más equitativas, que no pasan por la dominación de otras personas, necesitan de una negociación continua, de la asunción de que todas las partes van a tomar el poder y cederlo, de la manera más simétrica posible.
Me parece imprescindible añadir al escrito el concepto de empoderamiento, como proceso en el que desarrollas la capacidad de tomar decisiones por ti misma acorde a tus necesidades y deseos. Si tienes poder sobre ti, será mucho más fácil ejercer un liderazgo sin someter ni oprimir, respetando las necesidades de las otras, a la vez que será más difícil que te dominen u opriman.
Desde una perspectiva feminista interseccional, me parece importante destacar que formamos parte de una matriz de opresiones, en las que además de la categoría de género, se imbrican, entre otras, las categorías de raza, clase, edad y orientación e identidad sexual. Como afirma la teórica decolonial Yuderkys Espinosa, la opresión no se puede tratar de forma fragmentada, sino desde su multiplicidad. El feminismo hegemónico, representado mayormente por mujeres blancas burguesas, no ha tenido en cuenta otras categorías de opresión ni a costa de quién se iban a liberar ellas. También la teórica y poetisa Audre Lorde habla de la imposibilidad de analizar por separado las opresiones o privilegios, de manera que la posición social que ocupo está interrelacionada con los privilegios de los que me beneficio y con las violencias concretas que me oprimen. Reconocer dichas opresiones, a menudo invisibilizadas, y también los privilegios es un ejercicio necesario para repensar los espacios y las dinámicas de poder que imperan en nuestro cotidiano.