Palabras clave: identidades de género, cuerpo, imagen
Lo siguiente es una lectura crítica respecto a nociones y categorías del cuerpo femenino, de su “ser mujer”. Tomando como objeto de estudio el trabajo “Etéreo” de la fotógrafa colombiana Camila Berrio, proponemos la problemática que implica representar un cuerpo sexualmente simulado, ahí donde una aparente caricatura traza y codifica una estrategia política de resistencia al estereotipo. A lo largo de la historia todas las sociedades se han construido a partir de las diferencias anatómicas entre los sexos, convirtiendo esa diferencia en desigualdad social y política. La tarea del pensamiento feminista es entonces desmantelar la idea que relaciona lo femenino con la naturaleza y lo masculino con la cultura y lo humano. A pesar de las diferencias de enfoque, paradigmas e interpretaciones, todas las críticas feministas se fundamentan en el abordaje de la categoría género como una construcción cultural, que determina cómo se forma la sociedad y establece jerarquías a partir de la consolidación de un lenguaje binario y desigual. Esto nos permitirá ingresar al problema del estereotipo, aunque esta mirada será puesta en tensión desde la feminista decolonial María Lugones, que plantea la idea de que la asignación de sexos biológicos es también un constructo social impuesto por el pensamiento colonial occidental.
Desde un enfoque fotográfico, la importancia de la identidad de género se hace evidente. La mirada aguda del arte contemporáneo pone en entredicho las categorías que en el continente se arraigan desde la violencia; son las imposiciones heteronormativas que definen y obligan a la elección de sexo las que se rompen en estas imágenes, que retratan metamorfosis estéticas allí donde el claroscuro nos remite a una performatividad teatral como una nueva mirada barroca latinoamericana. Permite que los cuerpos tensen la naturalización cultural de la masculinidad, ahí donde se arriesga a ser un objeto de deseo, provocativo y quitado de su lugar de poder, transformándose en un cuerpo des- legitimado, sufriente y fracturado tanto por su manipulación como por las catalogaciones de la historia, pero al agregarse el tilde “femenino” se le quita también el carácter de sujeto. Quedan registrados como cuerpos erróneos, como causalidades inesperadas de las cuales nadie se quiere hacer cargo.
El trabajo de la mirada, aquella que invita como aquella que interpela, conduce hacia un viaje de aceptación y definición de la propia artista, que insinúa un confrontamiento forzoso de los estereotipos de género. Desde las artes, esta estética del detalle fotográfico, ¿logra que la fragmentación del cuerpo pueda categorizar su condición de cuerpo transformado(mista) o, por el contrario, podemos categorizarlo solo porque no hay más que fragmentos de la simulación? La imagen testimoniante y proliferada es el rescate del cuerpo, es su reivindicación. Es el lugar donde puede hablar, exhibirse, reclamar, puede cambiar(se) y reinterpretar(se) conforme una nueva memoria atrae la atención de los ateos de la historia desde las infinitas posibilidades de la fotografía y su vínculo con la categoría de archivo. Es como si un grito de lucha, callado por años, pudiera hoy ser leído y escuchado a través de imágenes fragmentadas, de cuerpos estigmatizados, discriminados, torturados u olvidados que a su vez son complejizados, exhibidos, (des)ordenados y puestos en el límite de su representación.
*Abstract de la ponencia presentada en los seminarios "Cuerpos experienciales", que tuvieron lugar en Lima del 3 al 5 de mayo 2017 organizados por la Revista Kaypunku de Estudios Interdisciplinarios de Arte y Cultura. Participamos en la mesa "Cartografía del cuerpo".
Autoras: Valeska Navea y Thais Vera Utrilla.