Llegan cruzando fronteras inventadas por la codicia humana. Muros de piedra, alambre y, en ocasiones, de plomo ardiente. Los saltan, pues puede más el hambre que cualquier obstáculo. Al llegar a su destino se encuentran con nuevas barreras. Barreras instaladas en las mentes. Y estas son ciertamente más difíciles de derribar. Europa, nuestra historia colonial nos delata. Vivimos en un privilegio absoluto construido a costa del sufrimiento de los “otros”. Centro y periferia, fruto de nuestra propia creación. Amnesia colectiva. Fronteras que se imponen como únicas certezas en tiempos de incertidumbre.
Foto: Hernán Marchese (2019) “Vestigios del muro de Berlín”