Mi abuela hacía su propia agua de rosas. Era muy fiel a sus rituales matutinos y nocturnos del cuidado de su piel. Sabía de remedios caseros para curar una quemadura o un resfriado. Le preocupaban su salud y su belleza. También las miradas ajenas. Recuerdo el olor a rosas de su jardín en la parcela pegado a la valla de la entrada. Recuerdo cómo las cortaba con delicadeza para llevarlas a casa. Su piel tersa y brillante frente al espejo contrastaba con su mirada de insatisfacción permanente. Los pétalos quedaban en remojo durante la noche. Sus rituales no consiguieron salvarla. O tal vez sí. Nunca lo sabré.
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My grandmother made her own rose water. She was very faithful to her morning and evening skin care rituals. She knew home remedies to cure a burn or a cold. She was concerned about her health and beauty. She was also concerned about the looks of others. I remember the smell of roses from her garden in the plot of land next to the entrance fence. I remember how she cut them with delicacy to take them home. Her smooth and shiny skin in front of the mirror contrasted with her look of permanent dissatisfaction. The petals were left to soak overnight. Her rituals failed to save her. Or maybe they did. I will never know.
Vídeo y fotos de Hernán Marchese
Un vestido cosido por ella. Un pendiente de alpaca. Un collar de nácar. Esta herencia de mi abuela me acompaña desde hace años. Recuerdos de tiempos pasados y largas distancias. Historias contadas a través de objetos que pesan en el alma cuando una hace memoria. Mi abuela nunca me habló de sus ancestras. Muchas de sus historias que sí me compartió temo haberlas olvidado. Siento entenderla mejor desde que soy madre. Igual siempre la quise como era, con esa admiración que una tiene de niña a las adultas que la rodean. Algunos días en mi melancolía, me pongo su vestido, honro sus lamentos y me pierdo en su tristeza. También con ello celebro la vida y la vivo como mejor me parece rompiendo así con algunas de mis insatisfacciones que de ella aprendí. Repito sus rituales los días de lluvia. Y la pienso con el dolor de no volver a olerla.
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A dress sewn by her. An alpaca earring. A mother-of-pearl necklace. This inheritance from my grandmother has been with me for years. Memories of past times and long distances. Stories told through objects that weigh on the soul when one remembers. My grandmother never told me about her women ancestors. Many of her stories that she shared with me I am afraid to forget. I feel I understand her better since I am a mother. I still always loved her as she was with that admiration that one has as a child for the adults around her. Some days in my melancholy, I wear her dress, honor her laments and lose myself in her sadness. In doing so, I also celebrate life and live it as I see fit, breaking with some of my dissatisfactions that I learned from her. I repeat her rituals on rainy days. And I think of her with the pain of not smelling her again.
Una vidriera las protege de la lluvia. No se lamenten del tiempo. Los veranos aquí siempre fueron húmedos. Los días de tormenta le recuerdan a su abuela, a sus supersticiones y amuletos. La enredadera se cuela en el balcón. La muy insolente nos hace creer que estamos en el campo. Pero no, nuestros días transcurren en medio de la ciudad. Mi abuela odiaba el campo. Bueno, no sé si era odio o los traumas de su infancia los asociaba al olor a albahaca y a eucalipto. En cambio, amaba las rosas frescas. El olor y su belleza la trasladaban quién sabe si a un anuncio de la tele con esas protagonistas de vidas perfectas y felices en su papel de ama de casa. Creo que a ellas también las odiaba por no sentir lo mismo. Nunca entendí sus aspiraciones. Quizás necesité ser adulta y madre y vivir muy lejos para acercarme a sus lamentos y compartirlos. Las gotas golpean fuerte la cristalera. Huele a tierra mojada. Siento el olor de los rosales que plantaba mi abuela. Algunas de sus frustraciones viven en mí. Sus amores también.
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A stained glass window protects them from the rain. Don't complain about the weather. Summers here have always been wet. Stormy days remind her of her grandmother, her superstitions and amulets. The creeper sneaks onto the balcony. The insolent one makes us believe we are in the countryside. But no, our days are spent in the middle of the city. My grandmother hated the countryside. Well, I don't know if it was hatred or the traumas of her childhood she associated with the smell of basil and eucalyptus. On the other hand, she loved fresh roses. The smell and their beauty transported her who knows if to a TV commercial with those protagonists of perfect and happy lives in their role of housewife. I think she hated them too for not feeling the same way. I never understood their aspirations. Maybe I needed to be an adult and a mother and live far away to get close to their laments and share them. The drops hit the window hard. It smells of wet earth. I smell the scent of the rose bushes my grandmother planted. Some of her frustrations live in me. Her loves too.
Si escuchaba su voz interior, sentía ganas de escapar. Pero de escapar a dónde. Cuando miraba a su marido, una mezcla entre ternura e insatisfacción le invadía el cuerpo. Se sentía atada por su vida de ama de casa, madre, vecina de un barrio obrero y orígenes campesinos. Diagnóstico: Depresión. Falta de ganas de vivir. Pero María, si tienes un marido fabuloso, unos hijos sanos ya criados, una piel de ensueño, tiempo para una habitación propia. Y tus sueños. Cuáles son. A qué aspirabas. Qué espacios te fueron negados. Qué puertas te cerraron. Qué posibilidades tenías de ser feliz. Escuchaba su voz interior y se reencontraba con su pasado. Nunca lo compartió conmigo. Le faltó amor y atención en su niñez. Dirían las expertas. María no quería oír ni mirar. Pues se acercaba a su propio abismo.
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If she listened to her inner voice, she felt like running away. But escape to where. When she looked at her husband, a mixture of tenderness and dissatisfaction invaded her body. She felt bound by her life as a housewife, mother, neighbor in a working-class neighborhood and peasant origins. Diagnosis: Depression. Lack of will to live. But Maria, if you have a fabulous husband, healthy children already raised, dreamy skin, time for a room of your own. And your dreams. What they are. What you aspired to. What spaces were denied you. What doors were closed to you. What possibilities you had to be happy. She listened to her inner voice and met again with her past. She never shared it with me. She lacked love and attention in her childhood. The experts would say. Maria did not want to hear or look. She was approaching her own abyss.
Gracias a Karina Sanz por la edición de los textos en inglés.