“Las mujeres necesitamos el poder vital para desarrollar una representación simbólica que nos incluya como humanas”, Marcela Lagarde, “El feminismo en mi vida”
Hace unos meses tuve la ocasión de dar una charla sobre lenguaje inclusivo al equipo de la asociación MaMis en Movimiento en Berlín. Disfruté muchísimo el intercambio, así como el espacio de reflexión en torno al lenguaje que usamos y que refleja las estructuras injustas y discriminatorias en las que vivimos.
Los objetivos de la charla eran:
promover un espacio de crítica frente al lenguaje sexista, racista y discriminatorio;
crear un lugar de reflexión y análisis acerca de la necesidad del lenguaje inclusivo;
y desarrollar de manera colectiva estrategias y herramientas que nos permitan nombrarnos, visibilizarnos y sentirnos reconocidas en el lenguaje que usamos.
Las preguntas de partida fueron las siguientes: ¿Qué es el lenguaje inclusivo y por qué es recomendable su uso? ¿Qué impacto puede tener en nuestra vida y en la sociedad nombrar de forma inclusiva y no discriminatoria? ¿Qué estrategias podemos desarrollar para visibilizar nuestras realidades a través de la palabra? ¿Cómo podemos ser más conscientes del lenguaje que usamos para poder generar un cambio en nosotras y en quiénes nos rodean?
El lenguaje es nuestra herramienta de comunicación más eficaz. Está en constante cambio y se adapta a los contextos y momentos históricos desde los que hablamos. La lengua es una herramienta plástica. Nombra realidades y da cuenta de las estructuras sociales patriarcales de las que formamos parte. Vivimos en una sociedad sexista, racista, clasista y heteronormativa, y como reflejo de la misma la lengua también lo es. El lenguaje revela las estructuras patriarcales de poder, (re)presentando a las mujeres* de forma estereotipada como seres dependientes, más débiles y con menos recursos.
Uno de los temas clave de análisis es el llamado masculino genérico (también llamado género no marcado, qué ironía), utilizado para nombrar en general y aludir a todos los géneros. Esta norma gramatical tradicional es defendida por la R.A.E. Lo que hacemos cuando usamos el masculino refiriéndonos a lo general es silenciar e invisibilizar a las mujeres, niñas y seres de género femenino, es decir, quedan relegadas a la invisibilidad los relatos, experiencias y presencias femeninas. No es muy difícil comprobar que la lengua española reproduce expresiones sexistas y también racistas. Tan solo tenemos que consultar el diccionario oficial. Tomemos como ejemplo una de las acepciones mujer en la R.A.E.: persona del sexo femenino. Y la primera acepción de hombre: ser animado racional, varón o mujer. Continuemos buscando. Cocinillas: Hombre que se entromete en las tareas domésticas, especialmente en las de cocina. Vayamos más lejos. Gitano como sinónimo de trapacero. Específica el diccionario, eso sí, usado como ofensivo o discriminatorio.
Nombrar siguiendo los parámetros establecidos no es, por lo tanto, un acto neutral, es un acto violento, legitimado por la mayoría de la sociedad.
PLANOS ATRAVESADOS POR EL LENGUAJE
El lenguaje es un instrumento de comunicación humana que atraviesa todos los planos que conforman nuestra realidad. Estos son: el plano cotidiano, el estructural y el institucional.
El plano cotidiano da cuenta de nuestras interacciones y actividades que realizamos en el día a día. Esto incluye los discursos, las narrativas, conversaciones, el vocabulario usado, los gestos, pensamientos, acciones, tareas, decisiones… que ocurren en la cotidianidad.
El plano estructural se refiere a las estructuras que dan forma y sentido a la sociedad. Las estructuras, conformadas por determinadas reglas, normas y valores, vertebran la sociedad en función de sus intereses.
El plano institucional recoge las acciones, lenguajes y actividades que vienen generadas y ejecutadas por las instituciones. Es el plano más oficial, que aparece por escrito y con mayor legitimidad social. Las reglas y normas legales forman parte del ámbito institucional.
Fuente: elaboración propia
posibilidades de lenguaje inclusivo
A continuación reviso algunas posibilidades de uso de lenguaje inclusivo.
En la lengua hablada puede usarse:
El desdoblamiento de género, nombrando el masculino y el femenino. Por ejemplo: ¡Chicas y chicos, a comer! (Se usa tanto en el lenguaje formal como en el informal, aunque en la tabla de abajo aparece solo en el formal).
El uso de la e es una opción, ahora muy de moda, que incluye a todos los géneros. Su uso indica la superación del masculino vs. femenino: Todes les chiques. (Esta variante comenzó siendo usada de forma informal aunque su uso está cada vez más extendido).
La variante que yo uso a menudo (tanto en lenguaje hablado como escrito, en momentos formales e informales) es lo que yo llamo femenino inclusivo, es decir, nombrando el femenino doy por incluidos todos los géneros: ¡Chicas, a la mesa! Sabiendo que me estoy refiriendo a todas las personas en la sala. El argumento que suelo escuchar en contra es que en este caso ocurriría lo mismo que con el masculino genérico, ya que deja fuera la parte masculina. Lo que yo pretendo con su uso es por un lado, visualizar a las mujeres que por tantos siglos hemos estado invisibilizadas y, por otro lado, utilizarlo como ejercicio de toma de conciencia para quien me escucha. Suele provocar incomodidad y cuestionamiento, es mi pretensión. Así pues, lo veo como una manera de concientizar y abrir debate.
En la lengua escrita he registrado estas opciones :
El desdoblamiento de género (contexto formal e informal). Por ejemplo, las/os.
El uso de la @. Ejemplo: chic@s (contexto informal)
El uso de la x. Ejemplo: chicxs (contexto informal)
El uso de la e. Ejemplo: chiques (contexto informal, aunque cada vez toma más fuerza esta opción).
El uso del * en la palabra mujer* o en palabras en femenino se usa para visibilizar la diversidad de identidades de género y superar así el binarismo de género mujer-hombre. Su uso pretende incluir identidades de género no heteronormativas.
El uso del símbolo å. Lo añado aquí como una posibilidad que yo uso a menudo en mis escritos informales, por ejemplo, cuando envío mensajes de texto. Considero que la lengua es un cuerpo vivo y en constante cambio, así que me permito ser creativa con el lenguaje que utilizo más acorde con mis pensamientos y valores. En este caso, la a da visibilidad al género femenino y la o encima nombra también al masculino. Aquí igual seguiría subyaciendo la idea del binarismo de género.
El uso del femenino inclusivo ya mencionado en la clasificación anterior.
Aclaración: Cuando digo lenguaje informal, me estoy refiriendo al lenguaje usado en nuestro cotidiano. En el lenguaje coloquial usamos expresiones informales, no necesariamente registradas por el lenguaje oficial, que es el que aparece en diccionarios y academias.
Fuente: elaboración propia
resistencias / posiciones en contra
Desde las instituciones oficiales que dicen velar por el español se encuentra como máxima autoridad la Real Academia de la Lengua (RAE). Los/as académicos/as, en su mayoría hombres, de avanzada edad, provenientes del mundo de las letras y la literatura, representan viejas estructuras de poder. Ellos (y también ellas) defienden el masculino genérico y las acepciones sexistas y racistas que se encuentran en el diccionario, argumentando que el lenguaje designa realidades. No se debe cambiar el lenguaje si no cambia la realidad, escucho como explicación. En muchos casos desacreditan la labor y propuestas de profesionales impulsoras/es y defensoras/es del lenguaje no sexista (sobre el lenguaje racista ni si quiera hay debate público), arguyendo radicalidad o bien falta de rigor académico, en algunos casos ni quiera reconocen que la invisibilización del género femenino en el lenguaje simboliza y supone una invisibilización de las mujeres en el discurso.
Que las instituciones lingüísticas oficiales no den crédito al sexismo lingüístico revela una falta de sensibilidad ante cuestiones de igualdad, justicia social y representación. No ver el lenguaje como un vehículo que puede oprimir, invisibilizar, ofender y perpetuar las estructuras de poder tradicional me parece, personalmente, un freno para el cambio. Un freno desde las instituciones y también proveniente de las personas que se burlan de los multiples y variados intentos de inclusión.
Igualmente, yo soy optimista. Pese a las reacciones en contra. Pese a la falta de reflexión sobre el lenguaje discriminatorio. Pese a las instituciones vetustas. Las reivindicaciones feministas están haciendo su trabajo. Los deseos de inclusión, de cambio, de justicia son imparables. El lenguaje está en constante cambio. Y las propuestas de lenguaje inclusivo han llegado para quedarse. Superando los entornos feministas en donde nacieron. Llegando a los/las más jóvenes que ya no se sienten reconocidas en las viejas fórmulas. El debate continua. Y nosotras con él.
Fuentes consultadas
Bosque, I. „Sexismo linguístico y visibilidad de la mujer“, El País (04.03.2012)
Caparrós, M. „Todes les chiques“, El País Semanal (29.07.2018)
Cebrián, J.L. „La gramática y la corrección política“, El País (23.07.2018)
Constenla, T. „Son un poco antiguos los de la RAE“. Entrevista a Inés Alberdi (30.07.2012)
Grigelmo, A. „Cambiar las palabras o cambiar la realidad“, El País (25.04.2012)
Kilomba, G. “Plantation Memories”, Ed. Unrast (2010)
López Díez, P. “Dice la RAE que está por la igualdad entre hombres y mujeres. Sobre el Informe: Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer". Mujeres en red. El períodico feminista (03.2012)
Real Academia de la Lengua, www.rae.es
Redondo, L. “Las mujeres estamos en constante búsqueda de un lenguaje que nos nombre”, Entrevista a Gloria Fortún en Pikara Magazine (03.04.2019)
Ruíz Mantilla, J. „El lenguaje inclusivo tensa a „todes“ en Argentina“, El País (30.03.2019)