A menudo escucho expresiones racistas que forman parte de un lenguaje tan coloquial e interiorizado que en rara ocasión son cuestionadas. Palabras como denigrar o expresiones como cobrar en negro, dinero negro, tener la negra, ser la oveja negra de la familia o hacer el indio revelan un lenguaje racista que utiliza el término negro como sinónimo de mala suerte o de ilegal; o indio como sinónimo de no civilizado.
El lenguaje es la herramienta que usamos para comunicarnos. El lenguaje designa realidades, las nombra, las visibiliza y a veces las encubre. Al igual que la realidad (que no es una sino muchas) está en constante cambio, la lengua como un elemento vivo, también, adaptándose a los contextos y momentos históricos desde donde hablamos. El problema surge cuando observamos que la estructura social que conforma nuestras realidades es racista, sexista, clasista, homófoba... Es incuestionable entonces que el lenguaje que da cuenta de dicha estructura es también racista, sexista, clasista y homófobo... Para construir una sociedad más justa e inclusiva, tenemos como tarea desmontar dichas opresiones y desigualdades partiendo, en este caso, del análisis del lenguaje y del cambio posterior en el uso de determinado vocabulario.
¿Qué estamos manifestando cuando decimos: eres la oveja negra o me pagan en negro? Estamos usando expresiones que reflejan una violencia verbal explícita no reconocida socialmente. Cuando negamos que dichas expresiones son racistas, se produce una doble violencia al no reconocer nuestra responsabilidad como cuerpos reproductores de estructuras injustas y opresoras. A continuación voy a analizar más detalladamente algunas de estas expresiones muy comunes y no por ello menos dañinas, con el fin de desenmascararlas e invitaros a dejar de usarlas.
"Cobrar en negro" significa percibir una suma de dinero por vías ilegales, en donde el estado no tiene registro de esa transacción económica. Lo mismo ocurre con la expresión "dinero negro", como sinónimo de no legal, dinero manchado, o dinero procedente de una actividad fuera de la ley. La Real Academia de la Lengua (RAE) define el término como "dinero que escapa del control fiscal". Justo abajo se lee: "dinero sucio: dinero obtenido por medio de actividades ilegales y que escapa al control fiscal". Existe un claro paralelismo entre dinero negro y dinero sucio. La asociación que tiene lo negro asociado a lo sucio parte de una estructura racista de supremacía blanca que posee el poder y el privilegio de relacionar lo blanco con lo legal, lo limpio y reglamentario (blanquear dinero significa convertirlo en legal, según la RAE: ajustar a la legalidad el dinero negro"). "Trabajar como un negro" significa trabajar mucho, haciendo referencia al trabajo en condiciones de esclavitud.
"Tener la negra" quiere decir tener mala suerte. Asimismo "cruzarse con un gato negro" es en muchas culturas símbolo de mala suerte. "Ser la oveja negra" en una familia es ser la diferente, la más desfavorecida. La RAE lo define más exactamente como: "persona que, en una familia o colectividad poco numerosa, difiere desfavorablemente de las demás. "Magia negra" o "misa negra", siguiendo con la RAE: "Dicho de ciertos ritos y actividades: Que invocan la ayuda o presencia del demonio". Cuando hablamos de "hacer el indio" nos referimos a comportarnos de forma descontrolada o sin vergüenza. De esta forma, se asocia lo indio, lo indígena con falta de control y civilización.
Como explica la teórica decolonial Yuderkys Espinosa en su muro de facebook, el término denigrar significa "`'ennegrecer' y se usa como sinónimo de inferiorizar, humillar y degradar a alguien. De esta forma parece que humillar a alguien es ennegrecerle".
Detrás del uso continuo y común de estas expresiones subyace el deseo de inferiorizar a las personas negras o racializadas, otorgándoles una simbología envuelta de connotaciones negativas; haciendo creer que lo negro está asociaciado a algo oscuro, poco claro, fuera de lo legal, sucio, y por lo tanto, no deseable. Al ser meras construcciones humanas que parten de supuestos racistas (eso sí, con fuertes cargas históricas), son perfectamente desmontables. Un primer paso es cuestionar qué expresiones y términos empleamos cuando hablamos (siendo el lenguaje un reflejo del pensamiento); y una vez que analizamos que estas y otras expresiones son racistas y opresoras, simplemente dejar de utilizarlas.