ESPAÑOL
La segunda charla que organicé para el Familiencafé de MaMis en Movimiento Köpenick giró en torno a roles y estereotipos de género, un tema más que analizado en los estudios feministas. Esta vez también se trataba de un encuentro participativo en el que las reflexiones personales basadas en historias autobiográficas ocupaban un papel principal.
Los roles de género definen el comportamiento de una persona en función de su género. Son construcciones sociales marcadas por el contexto histórico y cultural (1). Los roles de género tradicionales asignan a hombres y mujeres diferentes tareas, profesiones, comportamientos y responsabilidades en la sociedad. Son patrones aprendidos a través de procesos de socialización diferenciados por género. La idea de que las mujeres son más aptas para las tareas de cuidado y están ligadas al ámbito doméstico y los hombres para actividades físicas y relacionadas con la esfera pública corresponde a una visión tradicional y patriarcal de los roles de género.
En el análisis desde una perspectiva interseccional entran en juego otras categorías como la clase social, el origen, color de piel, edad, religión, orientación e identidad sexual, que dan cuenta de la complejidad y diversidad de la realidad (2). La figura de una mujer migrante, pobre, proveniente del sur global estará más asociada a profesiones vulnerables y precarias de cuidado y tareas del hogar a cambio de una remuneración salarial baja que en el caso de una mujer blanca europea de clase media. Esto es, el género es importante en la creación de los roles de género, pero no es el único componente o categoría que los define. Si no tuviéramos en cuenta otras categorías de análisis, seguiríamos fomentando la idea de “mujer” como categoría universal que corresponde a mujer blanca, europea (o del norte global), de clase media. Dejando fuera el resto de experiencias y realidades de lo que puede significar ser mujer.
Existen cinco dimensiones centrales en donde el género se hace visibles: formas de vida, participación, recursos, normas y valores y derechos. (3) Las mujeres siguen estando discriminadas en todos los ámbitos de la sociedad: padecen violencia machista, participan menos en la arena política, están peor representadas en las instituciones públicas, ocupan menos puestos de decisión, son las encargadas de actividades y tareas invisibilizadas y mal pagadas, siguen cobrando menos en comparación con sus colegas pese a realizar el mismo trabajo y, formalmente, en algunos países poseen menos derechos por ley que los hombres.
Los estereotipos de género son estereotipos, prejuicios construidos en base a la categoría de género, basados en los atributos deseables y las formas de comportamiento esperadas de las personas en función de si son hombres o mujeres (4). Son mandatos sociales que nos dictan cómo debemos comportarnos en función de nuestro género. A partir de los estereotipos de género se construyen los modelos de masculinidad y feminidad imperantes. Estos describen qué es aceptable en el desarrollo vital de hombres y mujeres, cómo deben verse, vestirse, actuar, qué gustos deben tener en función de su género (5). Las opciones que tenemos y las elecciones que tomamos vienen prescritas por estereotipos de género tradicionales que constriñen libertades y posibilidades de actuar, ser y estar en el mundo. Tanto hombres como mujeres están sujetos/as a procesos de socialización tradicionales en los que todavía se perpetúan ideas como que las mujeres son más emocionales, sensibles y pacíficas que los hombres, mientras ellos son más violentos, fuertes y racionales por naturaleza.
Este tipo de creencias, que siguen fuertemente arraigadas, fomentan la idea de que las desigualdades son naturales y no construidas socialmente. A través de ideas estereotipadas de género se justifican y reproducen sistemas estructuralmente desiguales y discriminatorios en donde se normaliza que las mujeres ganen menos o inviertan más tiempo de sus vidas en realizar las tareas del hogar. O que los hombres no son o pueden ser sensibles. Las formas aprendidas de feminidad y masculinidad marcan y atraviesan nuestras vidas, cuerpos, decisiones, elecciones, valores, comportamientos, carreras, discursos, incluso nuestras emociones y sentimientos.
Desde las teorías y movimientos feministas se ha tratado de superar los estereotipos y roles de género que oprimen y además fomentan las jerarquías asentadas en estructuras de poder patriarcales. Desde espacios feministas de reflexión y de cuidados podemos deconstruir los roles y estereotipos de género. Para ello tenemos que, primero, reconocerlos, después cuestionarlos y por último desmontarlos en la práctica.
Hoy en día cada vez se transgreden más roles de género tradicionales, pero existe la quimera de pensar que hemos superado las desigualdades (brecha de género) y vivimos en sociedades igualitarias. Esta idea es peligrosa porque nos exime de tomar responsabilidad y hacernos cargo de nuestras ideas y acciones sexistas (unidas a las racistas, homófobas y clasistas) que perpetúan el patriarcado y las desigualdades: desde las cotidianas a las macro-estructurales. Un ejemplo claro de extrema violencia y opresión machista se ve en los casos de agresiones y asesinatos de mujeres perpetrados por hombres.
Mi trabajo de sensibilización consiste en llevarnos a la reflexión y acercar a cada participante a la toma de conciencia de sus propias ideas y actos machistas/sexistas/opresores. Me interesa especialmente explorar en la cotidianidad porque es ahí donde se producen la mayor parte de los episodios de discriminación y desigualdades. Muchos discursos o actos cotidianos se normalizan y pasan desapercibidos, pese a ser peligrosos por representar valores tradicionales de género, que quedan como verdades lógicas y coherentes. Sin las gafas moradas feministas serían difíciles de detectar, denunciar y tratar. En el encuentro evocamos narrativas en donde participamos consciente o inconscientemente en la reproducción de roles y estereotipos de género. Esto nos permite analizar en grupo las dinámicas de poder que subyacen tras pensamientos, comentarios o comportamientos en apariencia inofensivos. Cuando se produce la incomodidad o la crítica, empieza la deconstrucción.
(1, 2, 3) Gunda Werner Institut, “Gender als politische und analytische Kategorie” (2010)
(4) En este caso estaríamos ante una clasificación binaria en donde solo se tienen en cuenta dos identidades de género: mujer y hombre.
(5) Dorsch, Lexikon der Psychologie, “Geschlechterstereotype”
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DEUTSCH
GESCHLECHTERROLLEN UND GeschlechterSTEREOTYPEN
Der zweite Vortrag, den ich im Rahmen des Familiencafés von“ MaMis en Movimiento“ Köpenick organisierte, drehte sich um Geschlechterrollen und Stereotypen. Das Thema wurde tief in den feministischen Studien analysiert. Diesmal war es auch eine Begegnung mit Partizipation, wo die Reflexionen basierend auf persönlichen und autobiographischen Geschichten eine führende Rolle spielten.
Geschlechterrollen definieren das Verhalten einer Person bezüglich ihres Geschlechts (Gender). Sie sind gesellschaftliche Konstruktionen, die kulturell und historisch geprägt und damit auch wandelbar sind (1). Traditionelle Geschlechterrollen weisen Männern und Frauen unterschiedliche Aufgaben, Berufe, Verhaltensweisen, Verantwortlichkeiten und Plätze in der Gesellschaft zu. Es sind Muster, die durch Sozialisationsprozesse, die sich nach Geschlecht zu differenzieren, erlernt werden. Die Vorstellung, dass Frauen eher mehr für Pflegearbeit und für private Einsatzgebiete geeignet sind und Männer körperlich aktiver und in öffentliche Bereiche gehören, entspricht einer traditionellen und patriarchalen Auffassung von Geschlechterrollen.
Bei der Analyse der Geschlechterrollen aus einer intersektionellen Perspektive spielen andere Kategorien auch eine wichtige Rolle. Bereiche wie soziale Schicht, Herkunft, Hautfarbe, Alter, Religion, sexuelle Orientierung und Identität zeigen die Komplexität und Vielfalt in der Realität (2). Ein Beispiel: eine Frau mit Migrationsgeschichte, aus ärmlichen Verhältnissen, aus dem globalen Süden, wird öfter in Verbindung mit verletzlicher und prekärer Arbeit im Bereich Pflege, sowie mit Haushaltsarbeiten im Gegenzug für niedrige Löhne gebracht. Das bedeutet, Geschlecht ist wichtig für die Schaffung von Geschlechterrollen, aber es ist nicht die einzige Kategorie, die zu berücksichtigen ist. Werden andere Faktoren in der Analyse nicht berücksichtigt, wird weiterhin die Idee von „Frau“ als universelle Kategorie gefördert, nämlich die, der weißen, europäischen (oder aus dem globalen Norden), Frau aus der Mittelschicht. Das würde die anderen Erfahrungen und Realitäten, was es bedeutet, eine Frau* zu sein, außer Acht lassen.
Es gibt fünf zentrale Dimensionen, in denen Geschlecht (sowie die entsprechenden Geschlechterrollen) sichtbar werden: Lebenslagen, Partizipation, Ressourcen, Normen und Werten und Rechte (3). Frauen werden immer noch in allen Bereichen der Gesellschaft diskriminiert: sie leiden unter männliche Gewalt, sie nehmen weniger am politischen Leben teil, sie sind weniger in den öffentlichen Institutionen vertreten, sie besetzen weniger Entscheidungspositionen, sie sind zuständig für unsichtbare und schlecht bezahlte Arbeiten und Aktivitäten, sie bekommen weniger Lohn für die gleiche Arbeit als ihre Kollegen, und in manchen Ländern haben sie weniger formale Rechte als Männer.
Geschlechterstereotypen sind Stereotypen, Vorurteile, die sich auf die soziale Kategorie Geschlecht” beziehen. Sie bestehen aus als wünschenswert angesehen Attribute, die der Mann oder die Frau haben soll (4), je nach herrschendem Leitbild von Männlichkeit oder Weiblichkeit (5). Sie sind traditionelle Gefüge, die vorschreiben, wie wir uns im Bezug auf unser Geschlecht verhalten sollen. Die Geschlechterstereotypen beschreiben, was in der Lebensentwicklung von Frauen und Männern akzeptabel ist, wie sie aussehen, sich anziehen und wie sie agieren sollen. Die Optionen, die wir haben, die Entscheidungen, die wir treffen, werden von traditionellen Geschlechterstereotypen vorgeschrieben. Diese schränken unsere Freiheit und Möglichkeiten ein. Sowohl Männer als auch Frauen erleben und unterliegen traditionelle(n) Sozialisierungsprozesse, in denen Ideen erweitert werden, da Frauen emotionaler, sensibler und friedlicher sind, während Männer von Natur gewalttätiger, stärker und rationaler sind.
Diese Art von Überzeugungen und Glauben, die nach wie vor stark in der Gesellschaft verwurzelt sind, sprechen für die Annahme, dass Ungleichheiten natürlich und nicht konstruiert sind. Durch Ideen basierend auf Geschlechterstereotypen werden ungleiche und diskriminierende Systeme gerechtfertigt und reproduziert, in denen es normal und intersektionell ist, dass Frauen weniger verdienen und mehr Zeit in Hausarbeit investieren oder, dass Männer nicht sensibel sind oder sein können. Die gelernten Formen von Weiblichkeit und Männlichkeit kreuzen unser Leben, Körper, Entscheidungen, Werte, Verhalten, Karrieren, Diskursen, sogar unsere Gefühle.
Feministische Theorien und Bewegungen haben versucht, die Stereotypen und Geschlechterrollen zu überwinden. Diese unterdrücken und sind auf Forderungen von Hierarchien, die auf patriarchalen Machtstrukturen basieren. Aus feministischen Reflexionsräumen können Geschlechterrollen und Stereotypen dekonstruiert werden. Dazu müssen wir sie erst erkennen, dann hinterfragen und schließlich in der Praxis demontieren.
Heutzutage werden immer mehr traditionelle Geschlechterrollen übertreten, aber es ist illusorisch zu denken, dass wir die geschlechterspezifischen Ungleichheiten überwunden haben und in einer gerechten Gesellschaft leben. Diese Idee ist gefährlich, weil sie uns davon frei spricht, die Verantwortung für unsere sexistischen sowie rassistischen und andere diskriminierende Ideen und Aktionen zu übernehmen. Sie verewigen das patriarchale und ungleiche System: vom Alltag bis zur Makrostruktur. Ein deutliches Beispiel für extreme Macho-Gewalt zeigt sich bei Aggressionen und Frauenmorden.
Meine Sensibilisierungsarbeit besteht darin, diese Themen im Alltag zu reflektieren sowie jede Teilnehmerin* auf ihre eigenen sexistischen und unterdrückerischen Ideen und Handlungen aufmerksam zu machen. Mein Fokus liegt in der Erforschung von Alltagssituationen, weil dort die meisten Episoden von Diskriminierungen und Ungleichheiten stattfinden. Viele Kommentare oder tägliche Handlungen werden als normal angesehen und bleiben trotz ihrer Gefährlichkeit unbemerkt, da sie traditionelle Geschlechterwerte darstellen. Sie bleiben so logische und kohärente Wahrheiten, die ohne feministische Betrachtung schwer zu erkennen und behandeln wären. In den Workshops werden Narrativen besprochen, wie wir uns bewusst oder unbewusst an der Reproduktion von Geschlechterrollen und Stereotypen beteiligen. So können wir in der Gruppe die Machtdynamiken analysieren, die hinter Gedanken, Kommentaren oder scheinbar harmlosen Verhaltensweisen liegen. Wenn Unbehagen oder Kritik auftritt, beginnt die Dekonstruktion.
(1, 2, 3) Gunda Werner Institut, “Gender als politische und analytische Kategorie” (2010)
(4) Das entspricht einer traditionellen binären Kategorisierung der Geschlechter, entweder Man oder Frau.
(5) Dorsch, Lexikon der Psychologie, “Geschlechterstereotype”