Mi cuerpo, una silueta. Postura semilla. Se trata de fluir. Respiro. Con los ojos cerrados. Mejor abiertos. Abajo el piso frío como una piedra. Me dejo llevar por la experiencia. Noviembre otra vez. Cumplo años de nuevo. Por suerte. Alzo un brazo. El otro queda a medio camino. Me estiro e intento tocar el infinito. No está tan lejos como dicen. No olvides respirar. Las piernas plegadas, los empeines de los pies son la base que toca el suelo. La columna crece. Mi mente, traicionera, rescata los recuerdos de verano. De esto hace una eternidad. El tiempo es relativo y se mueve en círculos. Círculos. Mi mano va rotando en el sentido de las agujas del reloj. El aire entra y sale. El pecho danza. Intento no pensar en nada pero el pasado, que ahora es presente, vuelve a escena. Sigo instrucciones. El pensamiento llega y se va. No lo atrapes. Respira. Llegan voces de la calle que dan fin al ejercicio. Sin querer. Bajo los brazos lentamente, sin olvidar respirar. Qué locura sería olvidarlo. Un acto constante. Un fluir eterno. Una voz interna. Una ancestra en mí.
Jacqueline Bonacic-Doric, Yaky, Serie "Mis papeles". Pastel sobre papel