“We can learn to work and speak when we are afraid in the same way we have learned to work and speak when we are tired.” Audre Lorde (Sister Outsider)
Primavera de 2016. Ensayo en casa. Con una puesta en escena teatral y micrófono en mano recito mi discurso en alemán. Aunque estoy sola, imagino un gran público que me mira expectante, critica mi acento y mi mirada al vacío. Su incomodidad me hace sentirme insegura y me trabo y olvido el texto, aunque frente a mí solo está la pared blanca de mi habitación. Muda. Sin grandes expectativas.
Es importante hablar con confianza y determinación, me repito. Tomo aire y empiezo de nuevo. El público debe esperar, volverse paciente pues necesito más tiempo. Me pregunto qué hacer si me quedo en blanco o si tartamudeo o si mi alemán me traiciona. Me pierdo en mis pensamientos y eso me aleja del momento de gloria. A fin de cuentas estoy actuando, me digo. Lamento no haber tenido oratoria ni clases de teatro en mi formación académica. Uno de mis otros tantos lamentos.
Siento que juego con las reglas de otros. Nos revisan nuestras faltas y carencias. ¿Y si soy yo la que se mira a sí misma con dureza? ¿Y si el público es un reflejo de mis proyecciones sembradas de temores e inseguridades? Nos repitieron tantas veces que no éramos suficiente que llegamos a creerlo. Cicatrices patriarcales en nuestros cuerpos. Silencios en nuestras biografías.
Y aun así, atrevámonos a hablar. Pese a nuestros miedos, pese a las paredes blancas, pese a todos nuestros pesares. Convirtamos nuestro pensamiento en un lenguaje propio. Transformemos el lenguaje en acción. Ocupemos los escenarios. Los micrófonos nos esperan.